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Avonne Bordelois, escritora
"EL DIALOGO CON EL PACIENTE TIENE UNA CALIDAD TERAPEUTICA INNEGABLE"

La autora de A la escucha del cuerpo, un libro que aborda la comunicación entre médicos y pacientes, afirma que se percibe una palabra amenazada por el abuso de tecnología y la excesiva velocidad acordada a la entrevista clínica, dadas las exigencias del actual sistema de salud

 

De reciente publicación, A la escucha del cuerpo, de la prestigiosa escritora Ivonne Bordelois, es un libro tan sanamente polémico como recomendable. Un libro que provoca la reflexión tanto de la comunidad médica, como del público en general. Un material que persigue el nada sencillo objetivo de mejorar la comunicación entre médicos y pacientes. En diálogo con Mundo Hospitalario, la autora de La palabra amenazada (Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2003) El país que nos habla (Sudamericana, 2005) y Etimología de las Pasiones (Libros del Zorzal, 2006), cuenta entretelones de la gestación del libro.

¿Cómo surge la idea del libro? ¿Con quiénes y por qué?
Algunos médicos, como Daniel Flichtentrei y Paco Maglio, entre otros, se prendieron a mi enfoque sobre el lenguaje en libros anteriores, y me sugirieron -sin que existiera un mandato o encargo específico- que escribiese una obra donde se estudiara la palabra médica, ya que en las entrevistas con pacientes se percibe también una “palabra amenazada” por el abuso de tecnología y la excesiva velocidad acordada al encuentro clínico, dadas las exigencias de las prepagas. Mi editor, Leopoldo Kulesz, de Libros del Zorzal, acompañó con entusiasmo el proyecto, y la tarea de investigación, en la que me acompañó mi fiel colaborador, Miguel Mascialino, y la escritura misma, tardaron unos tres años.

¿Cuál es el público destinatario y qué objetivo persigue?
Es el público en general, sobre todo los pacientes, y sabemos que en cantidad sorprendente compran el libro para regalárselo a sus médicos. Debido a que todos somos pacientes, la salud es para nosotros un territorio muy sensible, tanto en lo individual como en lo social, y la necesidad de conocimiento, claridad, afirmación y protección se vuelve un impostergable reclamo colectivo: es también una clave esencial, a mi entender, en el desarrollo de una democracia sustentable. Y la palabra es un vehículo necesario en el blanqueo de la situación médica, que se ha deteriorado mucho últimamente en términos de comunicación.

¿Hay una suerte de “recriminación” a los médicos por el “mal uso” del lenguaje?
Si bien hay cierta recriminación para aquellos médicos que desconocen el poder de su palabra, o bien abusan de ese poder, el reproche fundamental se dirige más bien a los responsables de la organización del espacio médico, es decir, a las obras sociales y prepagas que abrevian excesivamente -en muchos casos, por afán de lucro- el tiempo de comunicación entre pacientes y médicos, y de ese modo no permiten un acercamiento positivo entre ambos, mediante un diálogo comprensivo, en sí mismo provisto de una calidad terapéutica innegable.

¿Cuánto son conscientes los médicos, y sobre todo las nuevas generaciones, de la importancia de esta temática?
El hecho mismo de que este libro ha partido del interés de un grupo de médicos -algunos muy jóvenes-, es indicio de que el tema se vuelve cada vez más acuciante. Aun cuando la decadencia de la palabra es un problema cultural que afecta a todo el mundo en general, los médicos que disponen de una mirada humanística se encuentran muy movilizados por las consecuencias catastróficas que acarrea, específicamente en su medio, la carencia de una conexión profunda con la lengua. Se trata de un grupo de personalidades de mucho dinamismo y de gran autoridad, gente decididamente dispuesta a transformar la medicina en ese sentido, que aporta valiosos elementos de información científica acerca de las consecuencias dramáticas del deterioro de la comunicación verbal entre médicos y pacientes.

¿Puede analizar estas cuestiones cuando es usted misma la paciente?
Creo que justamente es mi experiencia como paciente de dolencias físicas y anímicas la que me puso en contacto, tanto con médicos impersonales, que excluían toda comunicación, como con aquellos que no solo me devolvieron la salud, sino que transformaron mi propia visión de mí misma, y por lo tanto, de mi vida. Fueron estos últimos los que me hablaron -a veces con mínimas palabras- de tal modo que entendí cosas que me hubiera llevado años comprender por mí misma. A estos campeones de la comunicación les debo la inspiración que fue guiando mi libro, y por eso a algunos de ellos está dedicado.

¿Ve posible incorporar estos conceptos en los planes de estudio de las carreras de Medicina?
Sí, se me ha dicho que de hecho hay materias que tratan de estos temas en los presentes planes de estudio de Medicina, por lo menos en la UBA y en La Plata. Me interesaría mucho observar qué tipos de materiales y propuestas ofrecen: una asignatura pendiente para trabajos posteriores.

¿Cómo está repercutiendo el libro y qué le gustaría que suceda con él a futuro?
Por la cantidad y calidad de llamadas y mensajes que he recibido a solo dos semanas de la aparición del libro, entiendo que ha zarpado con un signo excepcional, y me alegro de que así sea. Me da la impresión de que, aparte de sus méritos, de que sea un libro bien o mal escrito, publicitado o no, es un libro que la gente recibe como útil y necesario: y no hay mayor recompensa que un escritor pueda recibir o desear. Y aparte, espero que se abran nuevas posibilidades de seguimiento: soy consciente de que temas como el psicoanálisis, la homeopatía o la genética no están tratados en mi libro, y todos ellos despliegan lenguajes específicos muy interesantes para explorar. No sé si se me dará el tiempo o el espacio suficiente para desarrollarlos, pero me alegraría que, junto conmigo, otros se sumaran a este proyecto, que es tan inacabable como promisorio.


LA RELACION MÉDICO-PACIENTE Y LA PALABRA
Ivonne Bordelois atribuye a la palabra una clara incidencia sobre el vínculo entre salud y relación médico-paciente: “Los casos en que el malentendido en la entrevista clínica produce consecuencias muchas veces trágicas en la salud de los pacientes parecen estar aumentando. Se da el caso también de los llamados diagnósticos-fusilamientos (expresión acuñada por los mismos médicos), que inciden tremendamente en la vida y la estabilidad mental de los pacientes. El preocupante aumento de los juicios por presunta  mala praxis -con estadísticas alarmantes, sobre todo en Estados Unidos- muestra que en muchos casos la carencia de información y de comunicación clara y prudente entre médicos y pacientes es motivo de desgracias irreparables”.