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20 de mayo: 79 aniversario de la AMM


En nuestro 79 aniversario la AMM saluda a todos los colegas por ser los verdaderos protagonistas de la lucha y el compromiso con la salud pública.


Comité de Presidencia


 
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Por qué paramos el 31 de marzo

Por el Dr. Jorge E. Gilardi

El 31 de marzo la Asociación de Médicos Municipales decretó un paro de 24 horas en consonancia con otras entidades gremiales. La medida tuvo un acatamiento masivo por parte de sus afiliados. Los motivos fueron la inseguridad, que va de la mano de la violencia; la implicancia en el salario del impuesto a las ganancias por la aplicación distorsiva del mínimo no imponible, y la falta de mejoras en los haberes de nuestros jubilados.

Es necesario que abordemos cada uno de estos puntos. En primer lugar, la agresión hacia el equipo de salud es una de las caras de la violencia que hoy atraviesa a toda la sociedad, sin distinciones ni discriminación de condición económica o social. Ya que por sus características y efectos sobre el cuerpo y espíritu puede considerarse una enfermedad -una que nos afecta a todos-; puede concluirse que la violencia se ha transformado en un verdadero problema de salud pública. Urge que entre todos continuemos buscando formas y herramientas para mitigarla.

Quienes estudian este flagelo nos enseñan que la violencia está relacionada con la desigualdad, la exclusión social y la falta de educación. R esulta fundamental y apremiante, por lo tanto, invertir en el desarrollo social y económico a fin de obtener las herramientas para atacar el mal de raíz, no solo paliar las consecuencias de la gran cuota de agresividad que debemos soportar diariamente. Desafortunadamente, la profundidad del problema nos obliga inexorablemente a tener que pensar en soluciones a largo plazo.

En este último tiempo, fuimos testigos de la virulencia de las manifestaciones de violencia. Sobre la base de lo que observamos, como médicos nos atrevimos a tipificar en estadíos la sintomatología evolutiva de esta enfermedad emergente, a saber:

- Estadío I . Ceguera: afecta a los actores del acto violento; no permite ver que se lastima a quien lo cura.

- Estadío II . Hipoacusia severa: afecta a las autoridades responsables de tomar medidas al respecto; no permite que nuestros reclamos y razones sean escuchados.

- Estadío III . Despersonalización: afecta al equipo de salud, las mismas víctimas de los actos de violencia; convencimiento profundo de que “a mí no me va a pasar”.

- Estadío I V (el más grave y respecto del que deberemos tomar la mayor cantidad de recaudos para no contaminarnos). Anestesia: afecta a todos; pérdida absoluta de la sensación de peligrosidad, tolerancia y acostumbramiento.

Debemos comprender, asimismo, que la violencia es también el resultado de aquellos conflictos, ya sea familiares, interpersonales, sociales o políticos, que no se han resuelto pacíficamente. Se trata de escenarios a los que todos estamos expuestos en forma permanente.

Aunque sea cada día más oscuro y difícil de manejar, sin embargo, ante la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, es necesario que avancemos en el abordaje de las situaciones particulares, y así nos encaminemos a encontrar el compromiso de los distintos sectores sociales y gubernamentales para estimular un trabajo coordinado que apunte a desterrar esta enfermedad que tanto daño está causando. En este sentido y más allá de cualquier diagnóstico que podamos realizar, lo más importante es que las soluciones sean consensuadas entre los máximos responsables de cada uno de los Estados y comprender que ante la urgencia de la situación no podemos permitirnos dejar pasar el tiempo.

Otro punto, no menos conflictivo, es el mínimo no imponible, con su ya famosa tablita. Al no ser modificado, se vuelve un impuesto absolutamente distorsivo que desdibuja cada una de las mejoras salariales conseguidas en paritarias y que además frena nuestra capacidad laboral. ¿Por qué? Porque la realización de guardias extras, ya sea para nuestro beneficio o bien para beneficio del sistema cuando faltan colegas por vacaciones o enfermedad, provoca un descuento muchas veces equivalente al valor de dicha guardia extra realizada, que va directamente al ente recaudador y no al bolsillo de quien lo trabajó. Esta aberración ocasiona una escasez relativa de recurso humano, ya que este impuesto nos lleva a pensar que incrementar el trabajo es negativo. Nosotros somos grandes defensores de la equidad. Estos descuentos se quieren plantear como tales; nosotros estamos seguros que así no lo son. Sin duda hay que replantear este mecanismo porque así aplicado resulta no solo injusto sino absurdo e inexplicable.

Como anticipé, otra de las motivaciones del paro fue la situación de los jubilados, nuestros predecesores en la defensa del hospital público y de la ética médica, nuestros maestros en la ciencia y en la conducta frente a nuestros pacientes. I njusto es que sean estériles los reclamos para que nuestros mayores tengan sus haberes actualizados. No debemos olvidar a aquellos que sufren el padecimiento de manera doble por ser, además, víctimas del descuento por el impuesto a las ganancias en sus haberes jubilatorios, acaso una de las injusticias más flagrantes a las que son sometidos luego de haber aportado durante toda su vida activa. ¿Cómo puede considerarse ganancia el haber jubilatorio? Nada de esto es justo. Nos comprometemos a seguir luchando por nuestros maestros.

Dijimos: paro de 24 horas. Las guardias cumplieron su rol. Los consultorios y los pasillos de los hospitales estuvieron vacíos y la sociedad supo comprender el mensaje, porque comparte con nosotros el padecimiento de la mayoría de los reclamos presentados. Colegas, el total acatamiento de esta medida nos indica que fue acertada, y nos asegura que los médicos vamos a seguir luchando por nuestros derechos y por los de nuestros pacientes. Nos recuerda, una vez más, que esta, nuestra institución continúa inamovible con su tradición de ya 78 años de coherencia, firmeza y compromiso con quienes la hacemos y la conformamos, los médicos municipales.


 
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